Por primera vez en varios años, México registra una caída sostenida en la percepción de inseguridad entre su población. Según datos del INEGI, la percepción bajó 2.3 puntos porcentuales respecto al cierre de 2025, cuando el indicador se ubicaba en 63.8 por ciento. El descenso, aunque moderado, representa un quiebre en una tendencia que se mantenía al alza.
El Gabinete de Seguridad del gobierno de Sheinbaum atribuye el resultado a la coordinación entre fuerzas federales y gobiernos estatales, una estrategia que habría permitido que 26 entidades federativas redujeran sus tasas de incidencia delictiva durante el último trimestre. El modelo de operación conjunta ha sido presentado por la administración como uno de sus principales logros en materia de paz pública.
Sin embargo, especialistas en seguridad advierten que la percepción no siempre refleja la realidad del delito: mientras los homicidios han mostrado reducciones en algunas regiones, otros delitos como el robo con violencia y la extorsión mantienen niveles altos en zonas metropolitanas clave. El dato del INEGI mide cómo se siente la gente, no necesariamente cuántos crímenes ocurren.
Para los ciudadanos, el indicador tiene una dimensión práctica: la percepción de inseguridad afecta el consumo, la movilidad y la inversión. Una caída sostenida podría traducirse en mayor actividad económica local, particularmente en ciudades medianas que en los últimos años han perdido dinamismo por la violencia.

