La potencia militar más grande del mundo enfrenta una pregunta incómoda: cuánto tiempo puede sostener una guerra de alta intensidad sin agotar sus reservas de precisión.
Donald Trump expresó su enojo por la escasez de municiones y responsabilizó al secretario de Defensa, Pete Hegseth. La discusión se concentra en misiles necesarios para proteger fuerzas y responder a Irán.
Reponer arsenales requiere fábricas, componentes y plazos que no se aceleran con una orden política. El problema también afecta los compromisos estadounidenses con aliados en Europa y Asia.
Una reducción de inventarios aumenta el riesgo de decisiones precipitadas y cambia el cálculo de adversarios. Para México, una guerra más cara puede traducirse en volatilidad energética, comercial y financiera.





