Un diplomático europeo resumió la posición de los aliados occidentales ante la guerra de EE.UU. e Israel con Irán con una frase que circuló entre las cancillerías del continente: 'Por ahora, intentamos mantener la calma y no humillarlos'. La actitud de Estados Unidos hacia sus socios antes y durante la ofensiva fue descrita por analistas como el equivalente geopolítico de indiferencia total: Trump no consultó a sus aliados antes de ordenar los ataques, los enfrentó a una guerra repentina que ninguno deseaba y los dejó gestionando el caos.
Algunos países buscaron posiciones de equilibrio: el canciller alemán Friedrich Merz visitó el Despacho Oval expresando preocupaciones compartidas sobre el programa nuclear iraní y condenando las amenazas de Irán contra Israel. El presidente de España, Pedro Sánchez, optó por una postura más dura: prohibió el uso de instalaciones militares estadounidenses en territorio español para operaciones contra Irán y acusó a EE.UU. de 'jugar a la ruleta rusa con el destino de millones de personas'. Emmanuel Macron convocó a una reunión de emergencia de los ministros de energía del G7 para coordinar la liberación de reservas estratégicas.
El impacto económico llegó de manera inmediata y severa. Los mercados asiáticos cerraron con pérdidas históricas —el Nikkei de Japón cayó más del 5%, el Kospi coreano 6%, el Taiex de Taiwán 4.4%—, mientras los futuros europeos y estadounidenses comenzaron la semana a la baja. El petróleo por encima de los 100 dólares golpea con especial dureza a las economías de Asia oriental, altamente dependientes de importaciones energéticas del Golfo Pérsico. Los analistas advirtieron que el encarecimiento sostenido del crudo podría disparar la inflación global justo cuando varios bancos centrales apostaban por recortes de tasas.
Julien Barnes-Dacey, director del programa para Medio Oriente del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, señaló que los europeos 'han sido tomados por sorpresa' y que ahora responden a las decisiones cotidianas de un presidente estadounidense que 'está causando una enorme disrupción'. La arquitectura de alianzas que definió la política occidental durante décadas enfrenta su prueba más dura: EE.UU. actúa de manera unilateral, sus socios disienten en privado pero callan en público, y el mundo observa si el orden internacional construido tras la Segunda Guerra Mundial tiene aún la capacidad de contener las consecuencias de esta guerra.

