Los ríos del mundo atravesaron uno de sus periodos más secos en 35 años. El deterioro no se limita a cauces visibles: también alcanza lagos, acuíferos, glaciares y humedad del suelo.
La combinación de calentamiento, lluvias irregulares y extracción excesiva está reduciendo la reserva natural que amortigua sequías. Cuando esa cuenta se agota, ciudades y cultivos pierden margen de respuesta.
México reconoce el problema en presas sometidas a ciclos extremos y acuíferos sobreexplotados. El norte enfrenta además competencia creciente entre consumo urbano, agricultura e industria.
La solución requiere medir mejor, reparar fugas y adaptar cultivos, no solo esperar la siguiente temporada de lluvias. Cada año seco deja una deuda que puede tardar mucho más en recuperarse.





