Mojtaba Jameneí, designado nuevo líder supremo de Irán tras la muerte de su padre Ali Jameneí, pronunció su primer mensaje público en un tono radicalmente confrontacional. Además de reafirmar el apoyo de la República Islámica a sus aliados en la región, pidió explícitamente el cierre del Estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del veinte por ciento del petróleo mundial.
El mensaje fue recibido como una escalada significativa respecto al lenguaje que había caracterizado la diplomacia iraní en los últimos meses. Los mercados reaccionaron de inmediato: el precio del barril de crudo cruzó los 100 dólares y las bolsas europeas y asiáticas abrieron a la baja ante el temor de una prolongada interrupción del suministro energético.
Estados Unidos respondió alertando a sus aliados del Golfo sobre la posibilidad de nuevos ataques y ordenó el despliegue adicional de buques de guerra en la zona. Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos y Kuwait activaron sus protocolos de emergencia energética y comenzaron a coordinar rutas alternativas para sus exportaciones de petróleo.
Analistas de geopolítica advierten que la transición en la cúpula iraní suele ir acompañada de demostraciones de fuerza destinadas a consolidar el poder interno. Sin embargo, señalan que cerrar el Estrecho de Ormuz implicaría también el colapso de las exportaciones de petróleo del propio Irán, lo que hace que la amenaza sea interpretada por algunos como una táctica de negociación más que un plan real.

