Hubo un momento en el segundo tiempo ante Argelia en Kansas City en que el estadio entero se puso de pie sin que nadie diera una instrucción. Lionel Messi acababa de marcar su tercer gol del partido —el décimo sexto en su carrera mundialista— y alcanzó en ese instante a Miroslav Klose, el alemán que desde Brasil 2014 sostenía el récord de goles en Copas del Mundo con 16 anotaciones distribuidas en cuatro torneos. Messi lo igualó en un solo partido.
El hat-trick fue también el primero de Messi en un torneo mundialista, el número 61 de su carrera y el undécimo con la camiseta de la selección argentina. Con 16 goles y 8 asistencias en Mundiales, el rosarino acumuló 24 participaciones directas en goles, superando el récord previo atribuido a Pelé, quien llegó a 21 contribuciones directas en su carrera mundialista.
La reacción de las redes sociales fue inmediata y global. Patrick Mahomes, Rio Ferdinand y una lista de celebridades del deporte y el entretenimiento publicaron sus reacciones en cuestión de minutos. En México, el gol fue un acontecimiento televisivo que paralizó oficinas, restaurantes y hogares, en un país que vive el Mundial con la intensidad de anfitrión.
Ahora, un partido después, Messi tiene frente a sí a Austria y la posibilidad de convertirse en el máximo goleador de la historia del torneo en solitario. El registro ya no le pertenece solo a un hombre que jugó su último Mundial hace 12 años: le pertenece también a alguien que todavía juega, todavía convierte y todavía asombra al mundo con 38 años encima.


