Keir Starmer anunció su renuncia como primer ministro del Reino Unido y líder del Partido Laborista, en un discurso desde Downing Street que puso fin a uno de los mandatos más breves y tormentosos de la historia política británica reciente. El gobernante, que llegó al poder en 2024 con la mayoría más amplia para los laboristas en décadas, no pudo sobrevivir a la presión sostenida de sus propios compañeros de partido.
La gota que derramó el vaso fue la victoria de Andy Burnham en una elección parcial en Makerfield, noroeste de Inglaterra, que por fin le da al exalcalde de Gran Mánchester un escaño en el Parlamento y la plataforma formal para disputarle la conducción del partido —y del país— a Starmer. Figuras senior del gobierno habían comenzado a pedirle a Starmer que fijara una fecha de salida.
El Partido Laborista abrirá en julio el proceso formal para elegir a un nuevo líder. Starmer permanecerá en funciones como primer ministro hasta que ese proceso concluya. En su discurso de despedida, admitió que las circunstancias políticas habían hecho imposible continuar, pero defendió los avances logrados durante su gestión en infraestructura y política exterior.
La caída de Starmer representa una sacudida de proporciones para el mapa político europeo. El Reino Unido entrará en un período de transición en un momento en que afronta negociaciones comerciales complejas con la Unión Europea, tensiones en Irlanda del Norte y una economía que no termina de repuntar. Burnham, que lleva años construyendo su imagen como líder pragmático y cercano a la gente, ya se posiciona como el favorito para sucederlo.


