Un tercer buque de carga fue atacado en el estrecho de Ormuz, agravando la crisis marítima que tiene paralizada una de las vías navegables más estratégicas del planeta. El paso, por donde se transporta aproximadamente el 20% del suministro mundial de petróleo y gas natural, lleva días bajo el efecto de operaciones militares derivadas del conflicto entre Estados Unidos, Israel e Irán, empujando el precio del barril de crudo Brent a casi 99 dólares.
La escalada en el estrecho refleja el estancamiento de las negociaciones diplomáticas. Irán presentó una propuesta para reabrir el paso marítimo a cambio de conversaciones sobre su programa nuclear, pero fuentes cercanas a la Casa Blanca indicaron que el presidente Trump no está abierto al acuerdo en los términos planteados por Teherán. La propuesta iraní dejaría para etapas posteriores las preguntas más espinosas sobre el enriquecimiento de uranio.
El bloqueo efectivo del estrecho ha fragmentado las rutas de distribución de hidrocarburos, obligando a los cargamentos a rodear la península arábiga en viajes que multiplican los tiempos y costos de transporte. Países como Japón, cuya economía depende críticamente de las importaciones de energía de la región, ya resienten el impacto: el Banco de Japón mantuvo sus tipos de interés sin cambios esta semana pese a tres votos disidentes que exigían una subida para contener la presión inflacionaria.
El canciller alemán Friedrich Merz afirmó que Estados Unidos está siendo humillado por Irán al no poder resolver el bloqueo, mientras la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, se opuso a aliviar las sanciones europeas sobre Teherán mientras el conflicto armado continúe. La comunidad internacional teme que una nueva escalada en el Golfo Pérsico pueda disparar los precios del petróleo por encima de los 110 dólares por barril.

