Las olas de calor están dejando de ser una molestia estacional para convertirse en una emergencia sanitaria sostenida. Los registros de mortalidad muestran un impacto que crece antes de que termine la temporada.
Más de 3,400 fallecimientos fueron asociados a las altas temperaturas desde junio. Con apenas una semana del nuevo mes, el periodo ya figuraba como el tercero más mortal de los últimos diez años.
Adultos mayores, personas con enfermedades crónicas y trabajadores expuestos concentran el mayor riesgo. Las noches cálidas agravan el problema porque impiden que el cuerpo se recupere del estrés acumulado durante el día.
La señal también importa para México, donde las ciudades enfrentan islas de calor, presión sobre la red eléctrica y desigualdad en el acceso a enfriamiento. Adaptar horarios, viviendas y alertas tempranas ya es una tarea de salud pública.






