Estados Unidos e Irán cerraron un acuerdo provisional de 14 puntos que pone fin al conflicto armado entre ambos países y abre un período de 60 días de negociación definitiva en Suiza. El documento, publicado íntegramente por CNN y La Nación, es el entendimiento de más alto nivel que ambas naciones han alcanzado desde el JCPOA de 2015, y tiene consecuencias inmediatas para los mercados energéticos globales.
Bajo el acuerdo, Irán reafirma que no adquirirá ni desarrollará armas nucleares y acepta que la eliminación del material enriquecido almacenado sea supervisada por el Organismo Internacional de Energía Atómica. A cambio, Estados Unidos pondrá fin de inmediato a su bloqueo naval de los puertos iraníes y trabajará para que el tráfico marítimo por el Estrecho de Ormuz regrese a los niveles previos a la guerra en un plazo de 30 días.
El beneficio económico más inmediato para Irán es la reanudación de sus exportaciones de petróleo, que habían sido suspendidas durante el conflicto. En paralelo, el gobierno de Donald Trump se comprometió a un programa de desarrollo económico valuado en 300 mil millones de dólares, cuya estructura y calendario de desembolso quedará definida durante la negociación de 60 días.
La reacción de los mercados fue mixta: el precio del crudo cayó ante la perspectiva de que el petróleo iraní regrese al mercado, lo que beneficia a los consumidores pero presiona a los países exportadores. Israel expresó preocupaciones sobre la solidez del mecanismo de verificación nuclear. Para México, productor de petróleo con presupuesto sensible a los precios del crudo, el acuerdo tiene implicaciones directas que Hacienda deberá incorporar en sus proyecciones fiscales.


