Los colores que parecen decorativos también guardan rutas de conquista, riqueza y tecnología. Una muestra recorre cómo los pigmentos definieron símbolos de poder y formas de mirar.
El negro opulento asociado a Felipe II comparte espacio con el carmín obtenido de la cochinilla. Este último convirtió a territorios americanos, incluido México, en proveedores de un bien de enorme valor.
Obras contemporáneas dialogan con materiales históricos para mostrar que cada tono depende de trabajo, comercio y conocimiento. La exposición reúne piezas de artistas como Albers, Sempere, Serra y Lanceta.
La propuesta devuelve visibilidad a saberes indígenas y a cadenas económicas borradas por la historia oficial. Mirar un color se convierte así en leer una relación entre cultura y poder.






