La carrera por encontrar sobrevivientes entró en sus horas más difíciles. Equipos de rescate recorren edificios colapsados y comunidades aisladas después del terremoto de magnitud 7.4 que sacudió el occidente de Colombia y dejó una destrucción que todavía no termina de medirse.
El número de fallecidos superó los 250, mientras cientos de personas resultaron heridas y continúan los reportes de desaparecidos. Cali y poblaciones cercanas al epicentro concentran buena parte de los operativos, con réplicas que obligan a trabajar entre estructuras inestables.
México envió 58 toneladas de alimentos y asistencia humanitaria, y su embajada gestiona el regreso de ciudadanos afectados. El apoyo se suma a una movilización internacional que incluye suministros, especialistas y equipos para ampliar la búsqueda en lugares donde las primeras horas se perdieron por bloqueos y daños en carreteras.
La emergencia tendrá consecuencias prolongadas: miles de familias necesitan vivienda, servicios y atención médica. Para México, el desastre también activa protocolos consulares y vuelve a colocar en primer plano la preparación sísmica en una región que comparte riesgos geológicos.





