China modificó una de las líneas más sensibles de su política regional al respaldar de hecho la fuerza nuclear de Corea del Norte. El mensaje fortalece a Kim Jong-un frente a Estados Unidos y Japón.
Pekín prioriza la rivalidad estratégica con Washington y la estabilidad de su vecino sobre la antigua meta de desnuclearización. Tokio, por su parte, ha duplicado su presupuesto de defensa.
El giro puede acelerar una carrera armamentista en Asia y complicar cualquier negociación sobre misiles. Corea del Sur también enfrenta presión para ampliar sus capacidades de disuasión.
La tensión afecta cadenas de suministro vitales para México, desde autos hasta semiconductores. Una crisis en la región tendría repercusiones inmediatas sobre producción, precios y comercio transpacífico.





