Chevron ampliará de forma drástica su presencia en Venezuela con un plan de inversión de 7 mil millones de dólares durante cinco años. El movimiento refuerza el regreso de capital extranjero al sector petrolero venezolano y revela un cambio en el cálculo energético de Washington.
La empresa busca duplicar su producción en el país hasta rondar los 600 mil barriles diarios y obtuvo espacio adicional en la Faja del Orinoco. Venezuela también anunció acuerdos con Eni y compañías de servicios, bajo un marco que sigue dependiendo de licencias y supervisión estadounidense.
El país sudamericano posee alrededor de 303 mil millones de barriles de reservas probadas, las mayores del mundo, pero años de desinversión y sanciones redujeron su capacidad operativa. Recuperar bombeo exige infraestructura, seguridad jurídica y tecnología, no solo acceso a yacimientos.
Una mayor oferta venezolana puede modificar flujos de crudo en el continente y aliviar parte de la presión sobre los mercados. Para México, competidor y consumidor de energía, el cambio influye en precios, refinación e inversiones, aunque su alcance quedará sujeto a la estabilidad política y a la relación entre Caracas y Washington.





