Hay animales que no entienden de fronteras, pasaportes ni tratados. Las ballenas, las aves migratorias, las tortugas marinas y las mariposas monarca no piden permiso para cruzar océanos y continentes — simplemente lo hacen, siguiendo rutas grabadas en su ADN desde hace millones de años. Esta semana, en Campo Grande, Brasil, representantes de más de 130 países se reúnen para preguntarse cómo proteger esas rutas en un mundo que las está destruyendo a velocidad acelerada.
La COP15 de la Convención sobre la Conservación de las Especies Migratorias de Animales Silvestres es uno de los foros científico-diplomáticos más relevantes de 2026. El encuentro, que se extiende del 23 al 29 de marzo en la ciudad brasileña, abordará la doble amenaza que enfrentan las especies migratorias: la destrucción de hábitats en sus rutas de tránsito y los efectos del cambio climático sobre los ciclos biológicos que guían sus desplazamientos.
México tiene mucho en juego en este foro. El país es corredor crítico para decenas de especies migratorias, desde la mariposa monarca — cuya recuperación del 64% se acaba de confirmar — hasta las tortugas marinas que arriban a sus costas del Pacífico y el Golfo. La delegación mexicana llevará a la mesa los avances en conservación y también las presiones que siguen amenazando los ecosistemas clave.
Los científicos participantes señalan que el tiempo para actuar se agota. La lista de especies migratorias amenazadas crece cada año; los corredores biológicos se fragmentan por carreteras, campos agrícolas y desarrollos urbanos. El acuerdo que salga de Campo Grande no tendrá fuerza vinculante plena, pero sí el peso de 130 naciones que decidieron, al menos, sentarse a hablar del tema.

