El proceso de admisión más grande de la UNAM terminó en su mayor crisis de confianza en décadas. La universidad detectó irregularidades en el examen de licenciatura 2026 —el primero aplicado totalmente en línea— y ordenó una evaluación de control extraordinaria para validar resultados. Los primeros amparos judiciales ya fueron presentados por aspirantes que buscan cancelar la prueba original.
Durante la aplicación se identificaron anomalías que van desde el uso de celulares hasta la suplantación de identidad. Pero el hallazgo que detonó el escándalo fue otro: patrones considerados anómalos que apuntan al uso indebido de inteligencia artificial durante la resolución del examen. El proceso reunió a 158 mil 712 aspirantes en total.
Como medida extraordinaria, alrededor de 58 mil jóvenes presentaron un examen de control presencial durante el fin de semana del 1 y 2 de agosto. Para miles de familias significó repetir, en cuestión de días, una prueba que define años de proyecto de vida y para la que se habían preparado durante meses.
El costo institucional también se hizo visible. La secretaria general, Patricia Dávila, dejó el cargo y fue sustituida por Javier de la Fuente Hernández, luego de que el rector Leonardo Lomelí reconociera que la situación afectó la confianza en el proceso. El caso se convirtió en la primera gran prueba de fuego sobre cómo las universidades mexicanas van a evaluar en la era de la IA generativa.






