Estados Unidos ha deportado en secreto a ciudadanos mexicanos hacia Guatemala y Honduras, pese a que México acepta el retorno de sus propios nacionales. Los traslados a terceros países colocan a las personas en territorios donde pueden no tener familia, documentos ni recursos.
La práctica fue revelada mediante registros migratorios y testimonios revisados por CBS News. Algunos afectados fueron avisados con poco tiempo o descubrieron el destino cuando el proceso de expulsión ya estaba en marcha.
Abogados cuestionan que se envíe a mexicanos a países distintos al suyo sin una explicación suficiente ni oportunidad real de impugnar. Las autoridades estadounidenses sostienen que las remociones cumplen órdenes judiciales y acuerdos migratorios.
La revelación exige una respuesta consular porque el deber de México no termina al confirmar la nacionalidad. Localizar a los expulsados, garantizar documentos y facilitar su retorno puede marcar la diferencia entre una deportación y un abandono prolongado.






