Un edificio previamente dañado por bombardeos se derrumbó en Gaza con familias todavía en su interior. Los primeros reportes elevaron el saldo a por lo menos 20 muertos y alrededor de 60 desaparecidos.
Vecinos y rescatistas removieron concreto con herramientas limitadas ante la falta de maquinaria. La inestabilidad de estructuras cercanas complicó la búsqueda y aumentó el peligro para quienes intentaban ayudar.
El colapso muestra cómo la guerra continúa matando incluso sin un impacto nuevo. Miles de personas permanecen en construcciones debilitadas porque no tienen otro lugar seguro donde refugiarse.
La emergencia exige acceso para equipos de rescate, combustible y atención médica. Sin una evaluación masiva de edificios, otras familias pueden enfrentar el mismo riesgo.





