En lo que las autoridades rusas describieron como el mayor ataque aéreo sufrido en más de un año de conflicto, Ucrania lanzó una oleada de más de 500 drones contra Moscú y sus alrededores durante la madrugada del fin de semana. El Ministerio de Defensa ruso reportó la intercepción de cientos de aparatos, pero admitió que varios impactaron en zonas residenciales de la periferia moscovita, causando incendios, daños estructurales y el cierre temporal de los principales aeropuertos de la ciudad.
Según fuentes oficiales rusas, al menos tres civiles perdieron la vida y cuatro más resultaron heridos. Las imágenes difundidas en redes sociales mostraron columnas de humo sobre distintos puntos de la región y escenas de evacuación en edificios dañados. El pánico entre la población fue notorio, con residentes buscando refugio en estaciones de metro y sótanos.
El presidente ucraniano Volodímir Zelenski confirmó el ataque, describiendo la operación como una respuesta legítima a los bombardeos masivos que Rusia ha ejecutado sobre Kiev y otras ciudades ucranianas en las semanas previas. 'Las sanciones de largo alcance de Ucrania llegaron a la región de Moscú', escribió el mandatario, utilizando un eufemismo para referirse al poder de destrucción a distancia de su arsenal de drones.
El ataque marca una nueva fase en el conflicto: Ucrania demuestra capacidad para golpear objetivos a cientos de kilómetros dentro del territorio ruso con una intensidad sin precedentes. Los analistas señalan que esto cambia el cálculo estratégico del Kremlin y eleva las probabilidades de una escalada significativa en las próximas semanas.

