El sistema internacional que vigila la integridad de las apuestas emitió siete alertas amarillas durante el Mundial. Los avisos señalan movimientos o incidentes que merecen revisión, pero no constituyen prueba de que un partido haya sido manipulado.
El Grupo de Copenhague monitoreó 104 encuentros, colocó 15 bajo vigilancia reforzada y examinó 12 controversias. Entre los episodios revisados aparecen una expulsión en el duelo de Sudáfrica contra México, mercados vinculados al España-Cabo Verde y una jugada anulada en el partido entre España y Arabia Saudita.
El volumen apostado rondó los 240,000 millones de dólares, casi el doble que en el Mundial de Qatar. Ese crecimiento multiplica la información disponible para detectar anomalías, pero también eleva la cantidad de fluctuaciones que pueden explicarse por rumores, alineaciones o decisiones arbitrales.
La FIFA afirma que no encontró actividad sospechosa que demuestre amaño. Las autoridades de integridad deberán cruzar patrones de apuestas, comunicaciones y decisiones deportivas antes de cerrar cada caso, una distinción crucial para evitar que una alerta preventiva se convierta en una acusación sin sustento.






