Mientras Canadá y Brasil encajaban nuevos aranceles estadounidenses, la presidenta Claudia Sheinbaum salió a poner una frase sobre la mesa: "No tenemos nuevo arancel". El gravamen del 10 por ciento anunciado por Washington sobre bienes producidos en condiciones de trabajo forzado no es un impuesto nuevo, explicó, sino una actualización de tarifas que ya se aplicaban a productos ubicados fuera del T-MEC.
La aclaración llegó después de días de nerviosismo en los mercados. El peso cerró una sesión reciente en 17.39 unidades por dólar en medio de un fortalecimiento global de la divisa estadounidense, y el tipo de cambio ha oscilado alrededor de las 17.48 unidades mientras avanzan las negociaciones comerciales.
El elemento central fue la tercera ronda de la revisión conjunta del T-MEC, con la reunión entre Sheinbaum y el representante comercial estadounidense Jamieson Greer en la Ciudad de México. "Fue muy buena reunión", afirmó la mandataria, y sostuvo que se avanzó en acuerdos bilaterales que benefician a ambos pueblos. Las mesas siguen abiertas en reglas de origen y en los sectores automotriz y siderúrgico.
El objetivo declarado del gobierno mexicano es conservar el "trato preferencial" y evitar sorpresas. La tarea no es sencilla: en paralelo, Donald Trump amenazó con imponer un "gran arancel" a las lechugas mexicanas tras vincularlas con un brote intestinal en Estados Unidos. El acuerdo de largo plazo que busca México deberá sobrevivir a episodios como ese.





