Un informe de la Secretaría de Educación, Ciencia, Tecnología e Innovación reveló que el modelo de atención a la salud mental del Instituto de Educación Media Superior permitió intervenir y contener seis casos clasificados como de emergencia social durante el primer trimestre del año, entre ellos situaciones de riesgo suicida y consumo de sustancias psicoactivas.
El dato pone números a algo que el personal docente venía advirtiendo desde la pandemia: el deterioro emocional de la población adolescente dejó de ser un problema marginal dentro de las aulas y se convirtió en una variable que determina si un estudiante concluye o abandona el bachillerato.
La dependencia explicó que desde 2019 el instituto opera el Programa de Atención Psicológica, concebido como un mecanismo preventivo y formativo para fortalecer el desarrollo personal del alumnado. La detección temprana y la canalización a servicios especializados son los dos pilares del esquema.
Especialistas en salud mental juvenil coinciden en que el valor del modelo está en la proximidad: el primer adulto que nota un cambio de conducta suele ser un profesor, no un médico. Replicar ese tipo de intervención en más subsistemas de educación media superior es la discusión que sigue.
Este es un tema delicado. Si alguna persona atraviesa una situación de crisis emocional, existen líneas de apoyo psicológico gratuitas y confidenciales disponibles en el país.


