El Plan México, presentado hace un año como hoja de ruta para atraer inversión y empleo formal, llega a su primer aniversario con un balance mixto: compromisos millonarios anunciados, pero pocos proyectos con construcción verificable en sitio.
Organizaciones del sector privado reconocen que la narrativa de nearshoring sigue siendo poderosa, pero advierten que la falta de certidumbre jurídica, los cuellos de botella en energía eléctrica y la inseguridad han frenado decisiones finales de inversión.
Coparmex insiste en que 2026 marcará el rumbo real del programa, y que la prueba estará en la creación de empleo formal. Los primeros datos del año muestran un crecimiento modesto, lejos de las proyecciones oficiales.
Analistas coinciden en que el gobierno necesita pasar del anuncio a la ejecución si quiere convertir el Plan México en algo más que un eslogan, sobre todo en un entorno global en el que otros países compiten agresivamente por capital manufacturero.





