Doce de los 35 candidatos presidenciales que compiten en las elecciones generales de Perú se enfrentaron este martes en la primera jornada del debate presidencial oficial, organizado por el Jurado Nacional de Elecciones. Los ejes del debate —seguridad, economía y gobernabilidad— pusieron en evidencia la polarización de un país que lleva años en crisis política y que ha tenido seis presidentes en menos de una década.
El candidato con mayor presencia en encuestas, un outsider sin partido consolidado que encarna el hartazgo con la clase política, protagonizó los momentos más tensos del debate al confrontar directamente a representantes de los partidos tradicionales, a quienes responsabilizó de la corrupción sistémica que enfrenta el Estado peruano. Su propuesta de disolver el Congreso generó abucheos y aplausos a partes iguales.
Perú celebrará sus elecciones generales en junio de 2026 en un contexto de alta desconfianza institucional: el 80% de los peruanos desaprueba al Congreso y más del 70% considera que la corrupción es el principal problema del país, según encuestas recientes. La experiencia de los últimos gobiernos —Castillo preso, Boluarte investigada— ha profundizado el cinismo electoral.
Para América Latina el resultado importa: Perú es uno de los mayores exportadores de cobre del mundo, y cualquier cambio de política económica drástico tendría repercusiones en los mercados de materias primas que afectan a toda la región.

