El estrecho de Ormuz, paso decisivo para la energía mundial, quedó cerca de un acuerdo temporal. Irán y Omán avanzaron en reglas que buscan reducir el riesgo de una escalada inmediata.
El pacto tendría una vigencia inicial de 60 días y Teherán lo presenta como reconocimiento de una soberanía efectiva sobre la vía marítima. Estados Unidos respondió con advertencias y mantuvo presión sobre el alcance de cualquier control iraní.
Por el corredor circula una porción crítica del petróleo y gas comercializados en el planeta. Cualquier bloqueo o ataque se transmite rápidamente a combustibles, transporte e inflación.
Para México, exportador de crudo pero importador de combustibles refinados, la estabilidad del estrecho tiene efectos contradictorios. Un repunte prolongado puede elevar ingresos petroleros y al mismo tiempo encarecer gasolina y logística.






