La música pop perdió a uno de sus arquitectos más discretos. William Orbit murió en su domicilio y dejó una obra que unió experimentación electrónica con canciones capaces de dominar las listas.
El productor británico fue decisivo en la reinvención sonora de Madonna y trabajó también con U2, Blur y Pink. Su método privilegiaba texturas atmosféricas sin borrar la identidad del intérprete.
Orbit tenía 69 años y una trayectoria marcada por proyectos propios y colaboraciones que cambiaron la producción de finales del siglo pasado. Su influencia continúa en el pop electrónico contemporáneo.
Artistas y seguidores comenzaron a recuperar grabaciones donde su firma no era evidente, pero sí determinante. Su muerte reabre la conversación sobre los creadores que transforman una era desde detrás de la consola.





