El gobierno mexicano avanza en la implementación del Sistema Universal de Salud, un modelo que integra por primera vez al IMSS, el ISSSTE y el IMSS-Bienestar en una arquitectura interoperable. El objetivo: que cualquier persona pueda recibir atención médica en la institución disponible más cercana, sin importar a cuál esté afiliada.
El cambio elimina una de las fragmentaciones más arraigadas del sistema de salud mexicano, donde históricamente un derechohabiente del IMSS no podía ser atendido en un hospital del ISSSTE aunque estuviera a dos cuadras, y viceversa. La integración también incluye el expediente clínico electrónico compartido, lo que permitirá que un médico en cualquier institución acceda al historial completo del paciente.
La inversión en equipamiento médico para 2026 supera los 13 mil millones de pesos, con más de 32 mil equipos incorporados a la red pública. Para finales del año, el gobierno proyecta que todos los hospitales del sistema tendrán acceso a internet de alta velocidad, condición indispensable para la conectividad entre unidades.
Especialistas en política pública de salud señalan que, si el modelo se ejecuta correctamente, podría ser el cambio estructural más significativo del sector en las últimas tres décadas. Sin embargo, también advierten que la coordinación entre instituciones con culturas organizacionales distintas representa el reto más complejo de implementar.


