Regresaron, pero no derrotados. Así lo aclararon los propios dirigentes de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación al levantar su paro de 72 horas y retornar a las aulas. La frase del líder de la Sección XVIII, Jairo Antonio Mandujano Ortega, lo resumió con claridad: vuelven a enseñar, pero esperan respuesta de las autoridades antes de definir su próximo movimiento.
La protesta fue la culminación de semanas de movilizaciones. Los contingentes de maestros de múltiples estados convergieron en la Ciudad de México, bloquearon sedes de las principales Afores en Paseo de la Reforma y realizaron un masivo mitin en el Zócalo capitalino. La demanda central es contundente: un incremento salarial del 100%, con el argumento de que el salario promedio de sus agremiados no cubre el costo de vida.
A esas exigencias económicas se suman dos demandas estructurales: la derogación total de la Ley del ISSSTE de 2007 y la anulación de las reformas educativas de los últimos dos sexenios. En varios estados, las secciones locales de la CNTE sumaron condicionantes propias, lo que amplía el pliego petitorio ante la SEP y la Secretaría de Gobernación.
La pelota queda ahora del lado del gobierno de Claudia Sheinbaum. Si en los próximos días no hay señales concretas de negociación, los dirigentes advirtieron que una nueva megamarcha sería inevitable. Para millones de familias mexicanas, el regreso a clases es un alivio momentáneo en una confrontación que podría escalar nuevamente en cualquier momento.

