Arrancó formalmente la revisión conjunta del T-MEC entre México, Estados Unidos y Canadá, un proceso que el propio calendario del tratado fijó como obligatorio y del que depende buena parte de la certidumbre económica del país. La primera reunión formal marca el inicio de una negociación cuyo desenlace está lejos de estar garantizado.
El mecanismo obliga a los tres socios a evaluar el funcionamiento del acuerdo y decidir si lo extienden por otro periodo de dieciséis años. Si hay consenso, la próxima revisión se aplazaría hasta 2032; si algún país se niega, el tratado entraría en un esquema de revisiones anuales que se prolongaría hasta 2036.
El presidente estadounidense Donald Trump ha defendido los aranceles impuestos a México y Canadá, y ha deslizado la posibilidad de dejar expirar el pacto para buscar acuerdos bilaterales por separado. Especialistas y bancos anticipan un escenario de negociación permanente que favorecería su estrategia de presión.
Para México, con una economía profundamente integrada a la de su vecino del norte, el resultado de esta revisión definirá el clima de inversión de los próximos años. La incertidumbre, advierten los analistas, podría convertirse en el estado natural de la relación comercial.


