Las remesas hacia México registraron un crecimiento de apenas 1.4% durante el primer trimestre de 2026, alcanzando 14,457 millones de dólares, una recuperación modesta tras la caída de 4.6% sufrida en 2025, la primera contracción anual en más de una década.
La desaceleración responde a una combinación de factores: el endurecimiento de la política migratoria del gobierno de Trump, un aumento de deportaciones cercano a las 160,000 personas, y el envejecimiento de la comunidad migrante mexicana en Estados Unidos, que ya comienza a impactar el volumen total de transferencias.
Los datos muestran una paradoja: en marzo, el número de transacciones de envío bajó 3.6% en términos anuales, mientras que el monto promedio por cada envío subió 8.9%. Es decir, menos migrantes están mandando dinero, pero quienes lo hacen envían cantidades mayores. Analistas proyectan que el crecimiento de las remesas oscilará entre 1% y 3% durante el resto del año, lejos de las tasas de expansión de la década pasada.
El fenómeno preocupa a millones de hogares mexicanos que dependen de estos ingresos para gastos cotidianos, en un contexto donde las políticas migratorias estadounidenses continúan endureciéndose y podrían seguir presionando a la baja los envíos en los próximos meses.






