Por primera vez en muchos años, los números dan esperanza. La mariposa monarca, símbolo de la migración y emblema ecológico de México, ocupa este invierno 2.93 hectáreas en los bosques de Michoacán y el Estado de México — un salto del 64% frente a la temporada anterior, cuando apenas alcanzaba 1.79 hectáreas. Es la mejor noticia para la especie en varios años, y los científicos aún no terminan de asimilarla.
La recuperación tiene nombre y apellido: lluvia en el momento justo. Las condiciones climáticas más húmedas durante la temporada de reproducción en Estados Unidos favorecieron una mayor cantidad de huevos y larvas. A eso se sumó que la migración hacia México transcurrió sin las sequías que en años anteriores habían diezmado a los insectos antes de llegar a sus santuarios. El resultado fue un vuelo de millones de mariposas naranjas y negras que cubrieron los bosques de oyamel.
Las nueve colonias registradas se distribuyen entre Michoacán y el Estado de México. La más grande, de 1.62 hectáreas, fue localizada en el Ejido El Rosario — uno de los destinos ecoturísticos más visitados del país. La Reserva de la Biosfera alberga cinco de las colonias; otras cuatro se establecieron fuera de los límites protegidos, lo que abre preguntas sobre la gestión territorial en zonas adyacentes.
La celebración, sin embargo, viene con una advertencia de los expertos. Aún estamos muy lejos de los niveles históricos de 1996-1997, cuando la especie ocupaba 18.19 hectáreas. Los plaguicidas utilizados en Estados Unidos, la pérdida de plantas de las que se alimenta la monarca y el cambio climático siguen siendo amenazas estructurales. Una buena temporada no significa una especie a salvo.

