Las afganas continúan resistiendo a un régimen que busca borrarlas del espacio público. La respuesta ocurre en aulas secretas, manifestaciones de alto riesgo y negocios creados para sostener familias.
Cinco años de gobierno talibán multiplicaron prohibiciones sobre educación, trabajo y movilidad. Aun así, mujeres y niñas mantienen redes de aprendizaje que cambian de lugar para evitar redadas.
La resistencia ocurre mientras la Unión Europea explora acercamientos pragmáticos con los fundamentalistas. Activistas temen que la normalización internacional convierta sus derechos en moneda de cambio.
Guardar silencio equivaldría a aceptar la injusticia, sostienen las organizadoras. Su supervivencia depende de apoyo externo, canales seguros y atención pública que no desaparezca con el paso del tiempo.






