La falta de agua potable alcanzó un nivel crítico en La Habana, una ciudad de casi dos millones de habitantes. Miguel Díaz-Canel reconoció públicamente la gravedad del problema durante una visita a instalaciones clave del sistema.
Las redes arrastran fugas, bombeo insuficiente y mantenimiento atrasado. Los cortes eléctricos empeoran la situación porque paralizan equipos que trasladan el agua desde fuentes y depósitos hasta barrios ubicados a diferentes alturas.
Infobae y EFE coincidieron en el diagnóstico presidencial y en que las soluciones ensayadas todavía no alcanzan. Las familias dependen de horarios irregulares, almacenamiento doméstico y camiones cisterna, con efectos especiales sobre hospitales y escuelas.
Resolver la emergencia exige energía estable, reparación de tuberías y datos claros sobre distribución. Sin esas condiciones, cada apagón reproduce el desabasto y aumenta riesgos sanitarios por recipientes contaminados o falta de higiene básica.




