Un terremoto de magnitud 7.4 sacudió la costa nororiental de Japón frente a Sanriku a las 16:53 horas locales, activando una alerta de tsunami de hasta tres metros para las prefecturas de Iwate, Hokkaido y Aomori. En el puerto de Kuji se registró una ola de 80 centímetros, mientras que en Miyako el nivel del mar subió 40 centímetros. La primera ministra Sanae Takaichi ordenó evacuaciones inmediatas hacia terrenos elevados.
El gobierno japonés activó de inmediato un equipo de gestión de crisis y desplegó recursos para evaluar daños en la zona costera. Aunque las olas iniciales resultaron menores a lo proyectado, las autoridades mantuvieron la alerta activa durante horas por el riesgo de que llegaran oleadas adicionales, un fenómeno frecuente en los tsunamis que afectan la costa del Pacífico japonés.
Lo que más inquietó a los expertos fue la declaración emitida horas después: la Agencia Meteorológica de Japón lanzó una alerta especial advirtiendo que la probabilidad de un terremoto de magnitud 8.0 o superior —un potencial 'megaterremoto'— es considerablemente mayor que en condiciones normales. La medida evocó el recuerdo del devastador terremoto y tsunami de 2011 que causó la tragedia de Fukushima.
La magnitud exacta del sismo fue reportada como 7.4 por unas agencias y como 7.5 por otras, diferencia que los sismólogos atribuyen a distintos métodos de medición. Países del Pacífico, incluyendo Chile y Perú, descartaron riesgo de tsunami en sus costas, pero la alerta generó preocupación a nivel global sobre la estabilidad de la fosa de subducción que corre frente a la costa noreste de Japón.

