Japón rebasó por primera vez las cien mil personas de 100 años o más. El registro confirma la extraordinaria longevidad del país y una transformación demográfica que avanza más rápido que su capacidad de adaptación.
Las mujeres representan la mayoría de la población centenaria. Dieta, atención médica, actividad cotidiana y redes comunitarias figuran entre los factores asociados con una vida más larga.
El logro convive con baja natalidad, escasez de cuidadores y localidades donde cada vez quedan menos jóvenes. Pensiones y servicios sanitarios deben atender durante más tiempo enfermedades crónicas y dependencia.
La experiencia japonesa ofrece una advertencia para países como México, que también envejecen. Vivir más es una conquista; hacerlo con autonomía y cuidados suficientes es el desafío social que viene después.





