Este lunes ha entrado en vigor la Ley de Preservación Cultural en Japón. Las autoridades de Kioto y Shizuoka han comenzado a aplicar cuotas diarias y acceso mediante código QR para el distrito de Gion y el Monte Fuji. La medida busca combatir el sobreturismo que ha puesto en peligro la infraestructura local y la calidad de vida de los residentes.
Desde temprano se reportaron largas filas en los puntos de control digital, donde seguridad verifica las reservas y el pago de la «tasa de sostenibilidad». El alcalde de Kioto defendió la medida asegurando que buscan garantizar una experiencia cultural respetuosa, imponiendo multas severas a quienes evadan los controles.
La industria hotelera está dividida: las cadenas de lujo aplauden el enfoque en un turismo de mayor valor, mientras que operadores económicos temen una caída en viajeros jóvenes. Analistas advierten que Japón está marcando la pauta para otros destinos saturados globalmente, priorizando la convivencia ciudadana.
A pesar de las restricciones, la demanda no disminuye; las reservas para la temporada de cerezos se agotaron rápidamente. Los fondos recaudados se destinarán a la restauración de templos y mejora del transporte en áreas rurales para descentralizar el turismo.




