El estrecho de Ormuz vuelve a ser el centro de una negociación capaz de mover precios en todo el planeta. Irán condicionó la normalización del paso marítimo a que Estados Unidos cambie su conducta y cubra daños ocasionados por meses de guerra.
Entre las exigencias iraníes están el levantamiento del bloqueo naval, el fin de sanciones económicas y la liberación de activos congelados. Washington sostiene que Teherán terminará cediendo, pero el intercambio público muestra que el acuerdo sigue lejos de aplicarse.
Antes de la crisis, por Ormuz circulaba alrededor de una quinta parte del petróleo mundial, además de gas y fertilizantes. Cada demora eleva seguros, fletes y costos energéticos, efectos que terminan alcanzando a países importadores y a cadenas de transporte mucho más allá del Golfo.
Para México hay un contraste: un crudo más caro puede elevar el valor de sus exportaciones, pero también encarece combustibles, transporte e insumos. La aparente ganancia petrolera puede convertirse en presión inflacionaria para hogares y empresas si el bloqueo se prolonga.






