En la madrugada del viernes, Irán anunció nuevas oleadas de ataques contra objetivos israelíes y bases estadounidenses en países del Golfo Pérsico, escalando un conflicto que cumple 28 días sin señales claras de resolución. La ofensiva se produjo como respuesta directa a bombardeos israelíes contra instalaciones nucleares iraníes en las horas previas.
Las fuerzas israelíes atacaron una planta de enriquecimiento de uranio y un reactor de agua pesada, en lo que representa la operación más agresiva contra el programa nuclear iraní desde el inicio de la guerra. El ministro de Asuntos Exteriores de Irán condenó los ataques y amenazó con exigir un alto precio por los crímenes israelíes.
El intercambio de golpes complica las negociaciones que ambas partes dicen mantener. Estados Unidos envió una propuesta de 15 puntos que abarca alivio de sanciones, cooperación nuclear civil, reducción del programa atómico iraní, supervisión de la Agencia Internacional de Energía Atómica y límites en el desarrollo de misiles. Irán no ha respondido formalmente.
La escalada tiene consecuencias económicas globales. El estrecho de Ormuz, por donde transita un quinto del petróleo mundial, permanece parcialmente bloqueado por Irán. Los precios del crudo alcanzaron máximos de dos años esta semana, mientras las aseguradoras marítimas aumentan las primas para embarcaciones que transitan la zona.


