Las autoridades iraníes ejecutaron a Saleh Mohammadi, un joven luchador de 19 años, mediante ahorcamiento junto a otros dos hombres condenados por participar en las protestas de enero contra el régimen. Mohammadi había sido detenido en la ciudad de Qom tras participar en manifestaciones callejeras. Su caso llegó a tribunales en semanas, en un proceso que organizaciones internacionales como Amnistía Internacional calificaron de "juicio sumarísimo sin garantías".
La ejecución ocurre en el momento más convulso para el gobierno iraní: el país enfrenta bombardeos diarios de la coalición israelí-estadounidense, ha perdido varios líderes militares y de inteligencia, y ahora suma la condena internacional por la represión de voces disidentes internas. Para el nuevo líder supremo Mojtaba Jamenei, la ejecución parece ser una señal hacia adentro: cualquier fisura interna será tratada con la misma dureza que el enemigo externo.
Organizaciones de derechos humanos documentaron que desde el inicio del conflicto armado, la represión interna en Irán se ha intensificado. Decenas de activistas, periodistas y personas comunes que expresaron críticas en redes sociales han sido detenidos. Mohammadi no tenía antecedentes penales y su familia asegura que su participación en las protestas se limitó a estar presente en las calles.
Su nombre y su historia circulan en redes sociales en español bajo el hashtag #SalehMohammadi, donde miles de usuarios mexicanos y latinoamericanos han expresado su indignación. La imagen del joven —con su uniforme de lucha, posando antes de ser detenido— se ha convertido en uno de los símbolos más dolorosos de este conflicto.

