Seis años después de abandonar la vida real y mudarse a Estados Unidos, el príncipe Harry y Meghan preparan un regreso prolongado al Reino Unido. La decisión reactiva el drama de los Windsor, aunque no implica una reconciliación institucional.
La familia planea vivir en una residencia privada a las afueras de Londres. Archie, de siete años, y Lilibet, de cinco, ya estarían inscritos en colegios ingleses, mientras la pareja conservará su casa en California.
El rey Carlos recibió favorablemente la noticia en el plano personal, según medios británicos, pero los Sussex no retomarán deberes oficiales ni ocuparán una propiedad de la Corona. La seguridad policial continúa como uno de los asuntos sin resolver.
Una reunión familiar reciente pudo acelerar la mudanza y acercará al monarca a sus nietos. El retorno cambia la geografía de una ruptura seguida en todo el mundo, pero no borra las críticas de Harry a la prensa, al Gobierno británico y a la propia familia real.






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