La muerte del ciudadano mexicano Emiliano Andrade Covarrubias mientras permanecía bajo custodia del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) ha generado nuevas exigencias de investigación y cuestionamientos sobre la atención médica en los centros de detención migratoria.
Andrade, de 56 años, falleció el 17 de octubre en el Centro de Procesamiento Río Grande, ubicado en Laredo, Texas. El hombre había vivido durante décadas en Estados Unidos y contaba con residencia permanente, según la información difundida por su familia y autoridades consulares mexicanas.
Su hija denunció públicamente que el estado de salud de su padre se deterioró durante el internamiento y sostuvo que no recibió los medicamentos que necesitaba.
La familia cuestiona las condiciones de atención y busca conocer las circunstancias que precedieron al fallecimiento. Las autoridades estadounidenses, por su parte, mantienen abierta la investigación del caso.
La Secretaría de Relaciones Exteriores de México anunció acciones legales relacionadas con la muerte del connacional, mientras continúa el intercambio de información con las instituciones competentes de Estados Unidos.
El acontecimiento adquiere relevancia porque involucra a una persona con residencia permanente y ocurre en un contexto de preocupación por las condiciones de los centros migratorios.
La causa médica definitiva de muerte no debe darse por establecida mientras no se cuente con el resultado forense correspondiente. Las denuncias de la familia son elementos importantes de la investigación, pero requieren ser contrastadas con el expediente médico y los informes oficiales.





