La mujer, cuya identidad permanece reservada, tenía 20 años cuando ocurrieron los hechos. Según su denuncia, había acudido a la casa de la fraternidad Chi Phi para visitar a un amigo después de haber consumido alcohol durante una celebración.
La joven sostiene que dos integrantes de la fraternidad la presionaron para inhalar una sustancia que cree que era ketamina y que posteriormente comenzaron las agresiones sexuales.
De acuerdo con su relato, uno de los miembros habría enviado después un mensaje al grupo de Snapchat de la fraternidad indicando que había una mujer disponible para mantener relaciones sexuales. Según la demanda, posteriormente llegaron más hombres y las agresiones continuaron durante horas.
La estudiante presentó una denuncia ante la policía de la propia universidad aproximadamente tres semanas después de los hechos.
Su abogado asegura que únicamente dos de los señalados fueron expulsados de Cornell y ninguno fue detenido. La demanda civil también incluye a la universidad y a la fraternidad Chi Phi, a las que acusa de no haber protegido adecuadamente a la joven.
La mujer decidió presentar el caso bajo el seudónimo de Jane Doe para proteger su identidad y evitar el estigma asociado a una denuncia de violencia sexual. Después de lo ocurrido, abandonó la Universidad de Cornell.
La Fiscalía del distrito de Tompkins informó que está revisando nuevamente el caso y evaluando la posibilidad de presentar cargos penales.
El fiscal Matthew Van Houten explicó que las acusaciones incluidas ahora en la demanda civil son “drásticamente diferentes” de la declaración que la joven realizó ante la policía en 2024. Por ello, las autoridades buscarán determinar si existen nuevas pruebas que puedan modificar la valoración inicial del caso.
La denuncia ha generado indignación en redes sociales y volvió a colocar bajo la lupa la violencia sexual en universidades de Estados Unidos.






