Ismail Omar Guelleh, el hombre que ha gobernado Yibuti durante 27 años, se presenta este viernes a unas elecciones presidenciales diseñadas para garantizar su permanencia. A sus 78 años, busca un sexto mandato consecutivo tras una maniobra parlamentaria que en noviembre eliminó el límite de mandatos que él mismo promovió en 2010.
Los principales partidos de oposición han boicoteado los comicios, dejando como único rival a Mohamed Farah Samatar, del Centro de Demócratas Unificados, un candidato con escasa estructura electoral. Unos 256 mil votantes están convocados a más de 700 colegios electorales en un país del Cuerno de África que, pese a su diminuto tamaño, alberga bases militares de Estados Unidos, Francia, China y Japón.
La elección anterior, en 2021, ofreció una muestra del nivel de competencia: Guelleh obtuvo el 98.58% de los votos. Organizaciones internacionales de derechos humanos han denunciado durante décadas la represión a disidentes, la falta de libertad de prensa y la ausencia de condiciones para una contienda democrática genuina.
La ubicación estratégica de Yibuti, junto al estrecho de Bab el-Mandeb que conecta el Mar Rojo con el Golfo de Adén, le otorga una relevancia geopolítica desproporcionada respecto a su población de un millón de habitantes, y explica por qué las grandes potencias miran hacia otro lado ante las prácticas autoritarias de Guelleh.



