Con retrasos acumulados desde su zarpe desde Puerto Progreso, Yucatán, el buque del programa Nuestra América Convoy a Cuba finalmente atraca en la isla. A bordo, 30 toneladas de ayuda humanitaria — alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad — para un pueblo que acumula semanas de apagones, escasez y una crisis que pocos registros históricos cubren.
El contexto que recibe al barco es desolador. Cuba ha sufrido tres apagones nacionales en lo que va de marzo, el séptimo desde octubre de 2024. La causa de fondo es el bloqueo petrolero que Washington impuso hace mes y medio, dejando a la isla sin suministros de diésel, combustible para aviación ni gas licuado. El país produce apenas el 40% del combustible que necesita para sostener su economía.
En Xochimilco, la embajadora cubana Johana Tablada agradeció públicamente el gesto de solidaridad, que coincidió con la edición 239 de la Fiesta La Flor más Bella del Ejido, dedicada este año a Cuba. El convoy, impulsado por organizaciones de la sociedad civil mexicana, es un puente simbólico entre dos países con lazos históricos profundos, y también un recordatorio de que la ayuda humanitaria no debería llegar en barco — debería llegar por canales normales.
La situación en la isla sigue siendo precaria. Más de 10 millones de cubanos vivieron el pasado fin de semana sin electricidad tras el colapso del Sistema Energético Nacional. El viceministro de Energía cubano reconoció que el país lleva tres meses sin recibir combustibles esenciales. Para Cuba, el convoy mexicano no es solo carga — es también un mensaje político en uno de sus momentos más oscuros.

