Alrededor de 200 personas de la industria energética se congregaron en Londres para debatir una propuesta que hace apenas ocho meses habría parecido delirante: volver a invertir en el petróleo venezolano. El solo hecho de que la reunión ocurriera dice más sobre el momento político del país que cualquier declaración oficial.
Venezuela posee las mayores reservas probadas de crudo del planeta, pero años de sanciones, deterioro de infraestructura y riesgo político mantuvieron a la industria internacional a distancia. El interés renovado responde a un reacomodo diplomático que está moviendo piezas con rapidez inusual.
En paralelo, Nicolás Maduro aprobó el diálogo político entre las autoridades del país sudamericano y la oposición, aunque el chavismo ha retrasado el arranque efectivo de las conversaciones. Analistas señalan que la presión de Estados Unidos podría ser determinante para que ese proceso prospere. Venezuela y República Dominicana, además, iniciaron la normalización de sus relaciones diplomáticas y consulares.
Los inversionistas que evalúan entrar advierten que los riesgos siguen siendo considerables: seguridad jurídica, sanciones vigentes y la reversibilidad de cualquier apertura política. Aun así, el interés existe y se está organizando, lo que anticipa una disputa por posicionarse antes que los competidores si el escenario termina de despejarse.


