El 24 de febrero de 2022, los misiles rusos comenzaron a caer sobre Ucrania en lo que Vladimir Putin llamó una 'operación militar especial'. Cuatro años después, la guerra continúa, las ciudades del este ucraniano siguen siendo bombardeadas, y la posibilidad de un acuerdo de paz parece más lejana que nunca. 'A partir de ahora, las posibilidades de un acuerdo son extremadamente bajas', señaló una fuente diplomática consultada por medios internacionales en el marco de este aniversario.
El panorama en 2026 es radicalmente distinto al que se preveía cuando Trump regresó a la Casa Blanca prometiendo acabar con la guerra en 24 horas. Las conversaciones de paz han fracasado varias rondas consecutivas: Rusia exige que Ucrania renuncie a Jersón y Odesa, y Zelensky rechaza de manera categórica cualquier cesión territorial. Al mismo tiempo, la presión occidental sobre Ucrania para ceder ha crecido, con Trump distanciándose progresivamente del compromiso de apoyo incondicional.
En el frente financiero, Hungría bloqueó el desembolso de un préstamo de la Unión Europea por 90 mil millones de euros que Ucrania necesita para cubrir su déficit presupuestario y comprar armamento, condicionando su aval a la reanudación del tránsito de petróleo ruso a través del oleoducto Druzhba. La medida deja a Kiev en una posición de extrema fragilidad económica en el cuarto año de guerra.
Mientras tanto, una monja argentina en Odesa describió en CNN la situación como 'el gran fracaso de la humanidad'. El frente militar muestra avances rusos incrementales en el Donbas, pero sin la ruptura decisiva que Moscú buscaba. La guerra de los mil días se convierte en la guerra de los mil quinientos, con un mundo que observa con fatiga y sin una salida clara.





