Corea del Norte lanzó alrededor de diez misiles balísticos de corto alcance hacia sus aguas orientales, una demostración de fuerza que llegó justo cuando Estados Unidos y Corea del Sur reducían la duración de sus ejercicios conjuntos.
Los proyectiles salieron desde la región de Pyongyang y recorrieron unos 300 kilómetros, según el Estado Mayor Conjunto surcoreano. Japón detectó al menos uno y señaló que habría caído fuera de su zona económica exclusiva.
El consejo de seguridad nacional de Corea del Sur celebró una reunión de emergencia y pidió frenar lanzamientos prohibidos por resoluciones de Naciones Unidas. Seúl reforzó la vigilancia y compartió información con Washington y Tokio.
La hermana de Kim Jong-un había advertido que disminuir las maniobras no cambiaba lo que Pyongyang considera una política hostil. El mensaje deja una puerta diplomática apenas entreabierta, pero confirma que el arsenal seguirá siendo la principal herramienta de presión antes de cualquier negociación.




