La gobernadora de Chihuahua, Maru Campos, denunció haber recibido amenazas por escrito contra su persona, su familia y su patrimonio, y las atribuyó a una presunta persecución política del Gobierno federal y de la Fiscalía General de la República. La acusación escaló en cuestión de horas hasta convertirse en el tema central de la conferencia matutina.
La presidenta Claudia Sheinbaum negó de forma directa que el Gobierno de México haya intimidado o amenazado a la mandataria estatal. "Si la gobernadora cree que hay amenazas, que las denuncie", planteó, y pidió que cualquier señalamiento se formalice ante la autoridad correspondiente en lugar de ventilarse en el terreno mediático.
El punto más delicado llegó cuando Sheinbaum aclaró el origen del expediente. Existe una carpeta abierta en la FGR, confirmó, pero está relacionada con la presunta violación a la Ley de Seguridad Nacional por la presencia de agentes de la CIA en territorio chihuahuense. "Hubo una carpeta, pero no hay nada en contra" de Campos, precisó la presidenta.
El episodio tuvo una postal que resumió la tensión: Campos participó por videollamada en la propia mañanera, sin hablar y con los brazos cruzados. La gobernadora sostuvo después que la FGR volverá a perseguirla y que continuará defendiendo al estado. El caso coloca en el centro un tema que va más allá del pleito personal: qué hacían agentes de inteligencia estadounidense en la frontera norte y bajo qué autorización.






