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Miercoles 01 de Diciembre del 2021

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El dinamismo de la vida

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Ayer leí, de un sólo viaje, el libro del Javier García Coello, sus memorias, con el título de “FISCAL DE HIERRO”.

En algunas colaboraciones tomaré ideas de la información que Coello Trejo comparte en ese libro para compartir con usted (es). Pero hoy tomaré la idea del análisis a manera de epílogo que hizo este autor en su libro para compartir también algunas reflexiones.
La vida tiene, como sabemos todos, cambios permanentes, algunos imprevistos y otros que podemos esperar o que propiciamos salga como queríamos o diferentes.
La vida se transforma y tenemos que adaptarnos constantemente.
Por ejemplo, recuerdo cuando vivía en Delicias, en el barrio del poniente. En la calle 5a en el número 512, que era la casa de la abuela Simona. Éramos, somos en muchos aspectos todavía, muy pobres, aunque en aquel tiempo prevalecía la económica, por lo que vivíamos con mucha estrechez. Pero esa infancia fue diferente a la que ahora viven mis nietos. Yo salía solo de la casa, jugaba afuera, en la calle, y, en las noches oíamos novelas en el radio en el patio, y a la hora de dormir sólo poníamos una aldaba como seguridad de una puerta con mosquitero. Iba a la plaza a pie, a la escuela primaria, a nadar a los canales de riego, luego regresaba a casa sin problemas. Claro, delicias en los años 50 y 60s era muy pequeña. Pero para ilustrar mejor la forma segura en que vivíamos agrego que ese barrio era la zona de tolerancia de la ciudad. Lugares supuestamente peligrosos. Mamá lavaba y planchaba la ropa de las chicas de la llamada vida fácil, galante, o de tacón dorado y no sé qué tonterías más porque ni era fácil, menos galante y si traían zapatos nunca les vi el tocón dorado.
Otra cuestión que ha evolucionado es el respeto a la palabra empeñada, antes bastaba con dar un apretón de manos a una persona. Muchas veces, aún entre niños nos entendíamos para organizar un juego de beis llanero poniendo las manos sobre un bate y que él quedaba arriba escogía primero sin problemas y así nos repartíamos a los jugadores disponibles.
Los gobiernos eran más o menos tranquilos y confiables, se sabía de la corrupción y de los cochupos, pero nada que ver con las descomunales cantidades de que ahora se trata. En aquellos tiempos la licencia sanitaria de mis vecinas era gratis porque el doctor, el inspector o al que le tocara ir a revisar cobraba a su manera. La mordida al tamarindo era de 10 pesos, los dueños de las cantinas les daban unos cigarros a los policías, a los borrachos que no podían pagar multa, los sacaban a la Fagina al día siguiente y al terminar los soltaban.
Otra cosa que hacíamos cada año, fantástica, era ir a las peregrinaciones de la Virgen de Guadalupe, nos gustaba esa fiesta y algarabía, pero vagos y canijos siempre llevábamos ligas y cáscaras de naranja para hacer a las muchachas rascarse la pierna o donde le colocábamos el ligazo, para reír a carcajadas, luego nos hacíamos perseguir por el “viejo de los matachines”, a veces nos pasábamos de lanzas y los policías del barrio nos llevaban en la “julia” a la comisaría más cercana y hasta que los papás pagaban la multa nos dejaban salir, pero hay algo que destacar, había respeto en casi toda la población por los presidentes a quien la gente amablemente llamaba “ciudadano” se respetaba a los policías, tránsitos, etc., ni se diga la admiración que había hacia policías federales de caminos o hacia los militares. Ahora los humillan y muchos andan de mandaderos.
La vida y las circunstancias del mundo global cambiaron muchas cosas, entre ellas nuestra forma de vivir. Lo único que conservamos es la esperanza y a veces se difumina y nos llenamos de desesperación y coraje por no poder salir adelante con nuestras familias.
Entendemos qué la vida es una carretera de altas y bajas con baches, a veces hoyos o socavones terribles pero nuestro objetivo es recorrerla lo mejor posible y superar los riesgos inherentes a la forma de ser de cada quien, quien siembra odio recoge su merecida cosecha, nadie está libre de pecado, todos tropezamos, es normal, pero levantarnos es lo que sigue. Ser leales y cumplidores con los amigos y hacer honor a los compromisos.
Si somos conscientes de todos estos cambios y somos congruentes con lo que debemos hacer para ayudar a cambiar lo que nos toca, no lo dudemos ni seamos egoístas, hay para todos y la avaricia sólo nos causará problemas, dejemos la envidia, perdonemos el éxito del familiar, amigo o conocido, sin cejar en buscar el nuestro.
A lo largo de la vida todos cometimos errores pero un día decidimos hacer algunos cambios y lo hicimos a partir de cierta edad; es decir, se madura, y se puede ahora que durante los 35 años que he trabajado he recibido más de lo que he dado y ese balance es compartido casi por todos, así que debemos agradecer a la vida por lo que tenemos y no hacer reclamos por lo que nos falta.
Tener la satisfacción de servir, de saber que cuando alguien se acercó encontró lo que buscaba y si no estaba a mi alcance hice lo que mi juicio me indicó.
Extraño todo el mexico narrado y me enoja el nuevo y sus excesos pero a mis años (65) estoy contento con lo hecho, mi esposa de la que estoy muy enamorado, mi familia que amo entrañablemente, a mis amigos que quiero y respeto, pocos pero suficientes.
Sigamos dando tumbos que no caeremos y seguiremos creciendo.

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