Al amanecer del 20 de marzo, misiles israelíes y estadounidenses impactaron un complejo en las afueras de Teherán donde se encontraba el general Ali Mohammad Naini, jefe del aparato de propaganda de la Guardia Revolucionaria Iraní desde 2024. Naini murió en el ataque. La operación se produjo horas después de que desde Irán se lanzaran seis misiles que impactaron una refinería en Haifa y posiciones militares estadounidenses en la región.
El presidente Donald Trump, consultado sobre la posibilidad de una tregua, fue categórico: "No habrá acuerdo. Washington lleva ventaja y el objetivo es una capitulación completa". La declaración cierra por ahora cualquier canal diplomático activo y eleva el riesgo de una escalada que ya ha cobrado un costo humano devastador.
La Sociedad de la Media Luna Roja de Irán informó que más de 18,000 civiles han resultado heridos desde el inicio de la Operación Furia Épica, hace 21 días. Entre las víctimas hay 204 niños, incluidos 53 menores de cinco años. En paralelo, el Pentágono confirmó el envío de tres buques de guerra adicionales y entre 2,200 y 2,500 marines más a Oriente Medio, en señal de que la operación militar se preparar para intensificarse.
El nuevo líder supremo de Irán, Mojtaba Jamenei, respondió con una declaración de guerra total: "La seguridad debe negarse a todos los enemigos de Irán". La comunidad internacional observa con alarma cómo el conflicto suma víctimas civiles y comerciales —el cierre del Estrecho de Ormuz ya disparó los precios globales del petróleo— sin que ninguna potencia neutral haya logrado abrir un canal de mediación efectivo.

